miércoles, 10 de abril de 2013

SI EL ARREPENTIMIENTO MATARA (Continuación IV)



- No entiendo ¿A mis vecinos les llevaste citatorios? – preguntó Annie
El portero apenas se encogió de hombros.
- Dice mi mamá que esos citatorios que les llegaron del juzgado deben haber sido para que declararan que Ustedes se peleaban, porque esos vecinos además eran inquilinos de la tía de tu marido y los mejores testigos son los vecinos y los inquilinos. ¿Por qué no vas a averiguar?
-No, ahora no. -contestó  Annie -  Ahora tengo otras cosas que hacer. Pero alguna vez voy a ir a leer los papeles de mi divorcio y a ver quién metió la cuchara para que Jorge me jugara tan sucio. De momento tengo que encontrar a Tomás porque el lunes todo vuelve a la normalidad y yo voy a tener que irme de acá. Y ya mismo voy a llamar a doña Molli para que no desnude ni le toque el pelo a la muñeca.

      Anduvo un rato por el sótano y nada halló. En un momento dado tuvo un pálpito y fue para el que había sido su piso. Tocó el timbre de los vecinos de al lado y le abrió la señora.
-Annie – dijo ésta - ¿Qué cuenta? ¿Le alcanzaron los volantes? Al final casi ni me comió el bacalao...
Annie fue directo al grano y en una actitud amistosa y tranquila le pregunto:- “¿Ustedes salieron de testigos en mi juicio de divorcio?”-
  La señora no pudo mentir:
- Jorge nos dijo que el pedido era de parte suya también. Que los dos se querían divorciar rápido. Y como nosotros estábamos mal de plata y él nos ofreció no cobrarnos el alquiler del mes y perdonarnos la deuda esa que le pagamos a Usted ayer si decíamos que ustedes vivían peleando... Fue casi una extorsión... Nosotros no queríamos pero él y ese doctor...
- Es una porquería lo que me hicieron. – dijo Annie.- ¿Y dónde está Jorge? ¿Y por qué estaba tan apurado?
- Eso no lo sé. Le juro que no sé...
- ¿Y quién era el abogado?
-Ah...un señor mayor, muy amanerado para decirlo con delicadeza que nos hizo aprendernos de memoria lo que teníamos que decir. Pérez...Rodríguez...López...algo así.
Annie, no se enoje con nosotros por favor...su marido nos tenía contra la pared.
- ¿Y qué hizo con mi gato?- preguntó Annie
- No sé...pero las plantas se las llevó el abogado.
-¿Las plantas? ¿Qué plantas? ¿Mis plantas?
-Si usted se asoma un poquito nomás, se puede ver que su balcón de atrás está pelado. Yo vi al abogado ese hacer cargar a unos hombres con las plantas. De mañana temprano, después de que Usted se fue, pero cuando todavía no estaba el portero. Estaban los de la empresa de vigilancia...Pero a esa hora...estarían medios dormidos.
- Mis plantas... mis plantitas...-se quejó Annie- Ladrón de cuarta...¿cómo me va a robar las plantas? Yo los tendría que denunciar a ustedes y a ese abogado podrido...
- Annie, Annie... si el remordimiento matara yo estaría seca como un cuero. Desde que hicimos esa declaración no tuvimos paz... todo por un mes de alquiler y unos pesos de porquería...pero fue enseguida de que estalló la crisis. Estábamos acogotados...
  Llegó el marido de la señora y se le informó de lo hablado. Sólo dijo:
- Creo que el que Usted lo sepa me saca un peso de arriba... Esta culpa me iba a infartar. ¿Qué cómo se llamaba el abogado? El doctor...Le decíamos  Rodríguez las Lolas. Así lo llaman: Su apellido es Rodríguez Busto o Rodriguez Bustos. Creo que fue juez en algún tiempo. Bastante amanerado el hombre no sé si de concheto o de marica.
- Si yo lo denuncio por robo...¿Ustedes me salen de testigos?- preguntó Annie.
- Además están las cámaras de seguridad del piso. Nosotros le salimos de testigos, si. Pero de lo otro... Annie, de lo otro...le pedimos por favor que… ¿Usted sabe cuál es la condena mínima por dar falso testimonio? Yo no podría soportar la cárcel.
-Hay una cosa más – aportó la señora – Ellos le fueron a pedir también a la otra vecina que testificara. La señora sola, la del hijo medio drogadicto. Pero creo que ella se negó porque es Testigo de Jehová y no puede dar falso testimonio. Ella se enojó mucho, algo de discusión hubo con ella y ella los insultó. Y estaban los dos... Su esposo y el abogado ese.
- Quiero ir a denunciarlo por robo ya. Las comisarías están abiertas todo el día...-dijo Annie
- ¿Y por qué no lo va a ver? - le dijo la señora- A lo mejor... es preferible amenazarlo...Para denunciarlo por ir a pedir un falso testimonio hay tiempo.-pensó en voz alta el vecino-  De las plantas se podrá deshacer...pero de la señora esa...Yerba mala nunca muere...Si a nosotros nos quieren involucrar, nosotros vamos a alegar que fue con amenazas que testificamos. Además estamos dispuestos a compensar el mal que hicimos. Ya sabe Annie, lo que quiera. ¿No tiene casa? Esta es su casa. ¿Necesita productos de limpieza?¡Vamos al súper!  Dentro de nuestras posibilidades... Siéntese Annie. Vamos a mirar la guía. Vamos a encontrar al Rodriguez las Lolas ese. Tenía pinta de extravagante, de noble decadente.
-Yo sólo quiero a mi gatito.

     Esa misma tarde Susi Krause y Natalia tocaban el timbre del Doctor Lorenzo Rodríguez Busto. El doctor vivía en un cuarto piso sobre una ancha avenida con amplio balcón al frente. Annie las esperaba en el bar de la esquina y ya había reconocido a muchas de sus adoradas y bien cuidadas plantas que se mecían por la brisa otoñal.
     La excusa: De la revista “Casas, jardines y placeres” les había llamado la atención la magnificencia y el preciosismo del balcón ajardinado y pedían permiso para verlo apenas. La idea había sido de Susi Krause que era una manipuladora nata. Ella había llamado al doctor y después de cataratas de halagos e interesadas preguntas acerca del cuidado de las plantas había fijado una cita para esa hora. El mismo terminó invitándola. Ella le había preguntado entonces si le molestaba que llevara a su fotógrafa, él había dicho que no y ella al final le había dejado sus datos verdaderos, su número de celular, su teléfono de línea “para que no piense Doctor que venimos a meternos a su casa desde la nada”
-Qué fácil que es filtrarse en lo de alguien cuando se calibran sus puntos- Le comentó Susi a Natalia mientras subían por el ascensor.
      El doctor las recibió en bata de seda y modales de noble florentino. Ya dentro y por lo fabuloso de la decoración a Susi le salió decir: -“¡Ay Doctor, Usted más que Lorenzo Rodríguez Busto debería llamarse Lorenzo el Magnífico!” (Continuará)

lunes, 8 de abril de 2013

SI EL ARREPENTIMIENTO MATARA (Continuación III)

 El chico la miró como tratando de calibrar el grado de locura y contestó:
-Usted nos la vendió. Ahora es nuestra.

-Si. Contestó ella. Pero quiero pedirle por favor que siempre la dejen vestida con su ropita y su peluca originales.

- Eso no se lo podemos prometer señora, Si quiere le miento pero..
.-¡Entonces devuelvanmelá! - Gritó o chilló Annie -¡Todos me sacantodo!¡Devolvémela!
     El joven le replicó con impaciencia:

-Señora no puedo devolvérsela. Ahí hay un cartel que dice que no hay devolución. Esto no es una casa de empeños.

-Le digo que me devuelva mi muñeca –chilló más agudamente Annie- Aquí tiene su plata: Deme mi muñeca.

- No hay devolución, señora.

    Annie tomó un pisapapeles de vidrio y lo hizo estallar contra el suelo. Del fondo del local, es decir desde detrás de una cortina de terciopelo, apareció una señora corpulenta y elegante de cabello cano y aspecto respetable.

-¿Qué pasa? ¿Quién grita así?

-Quiere que le devolvamos la muñeca, abuela.

-Nooo. -Terció Annie.- Quiero que me aseguren que nunca le vas a sacar la ropa ni la peluca ni los zapatos originales. ¿Usted no es la coleccionista?-

-Mi cuñado y mi  hermana – respondió la dama calzándose unos lentes minúsculos y levantando la muñeca para verla.

-No me mienta. Usted es la dueña de todo. Júreme que nunca le va a sacar la ropa. Ya bastante que les dejé despegar un poco la peluca en la parte de atrás, ahí.

    Desde detrás de sus lentes la Impía, como la llamaban en el barrio, la miró con curiosidad. Era viernes y no podía llamar a la policía porque los de la ronda de los viernes la detestaban particularente.

- Tengamos calma. –dijo apoyando la muñeca en el mostrador. –A ver señorita...- Observó el formulario de compraventa-...Annie.



   Con hábiles manos le bajó apenas un poco un zoquete a la muñeca y le hizo mirar a su interlocutora el minúsculo tobillo..

-Mirá la diferencia de color, madre. Acá es rosada ¿ves? Porque la protege la media. Más arriba la pierna es negrita. Piernita sucia, ropita sucia. Hay que sacarle la ropa, limpiar el cuerpo para que quede rosadito de nuevo. La ropa hay que lavarla y el pelo...Bueno el pelo ...es un nido de...

- Si mi mamá y mi abuela hubieran querido eso lo hubieran hecho ellas mismas. Tiene que quedarse así.

- Pero así es un asco, querida. Está sucia, hay que dejarla linda.Así presentada es un mamarracho.

- ¡Vieja ignorante!-le gritó Annie-¡Esto es suciedad con mucha historia, esta muñeca dio vueltas por toda Europa en brazos de mi difunta mamá escapando de los nazis y vos venís a decir que es un mamarracho! ¡Devolveme la muñeca y andá a veranear a Haifa  a ponerte negro el culo y metete tu plata en el tujes!. –le espetó con desprecio.
Doña Molly que así se llamaba la Impía miró a Annie y haciendo caso omiso de lo que había escuchado preguntó:

- ¿De donde era tu familia, nena?- preguntó la anciana.

 – Fabricaban tapados y sombreros en Viena. Hasta el 36/ 37 que hubo que salir corriendo. Toda Europa recorrió esta muñeca escapando de los nazis. Mi mamá salió con cinco a seis años y a los trece todavía estaba escapandose y escondiéndose con mi abuela y con la muñeca.

-Devolvele la muñeca a la Señora, Arielito –dijo la dueña.- Envolvela con cuidado por favor.

-Gracias. Acá está su dinero.-dijo Annie muy cansada.

-No, no. Te estoy dando el dinero y la muñeca para que no la vuelvas a vender. La muñeca no creo que tenga un gran valor, como está intacta y con la ropa original andaría, limpia, en unos 700...800. A ver, dejame ver. Una Ka Erre.. No ubico la numeración...Supongamos como mucho mil pero...si la vendés la perdés. No entiendo por qué no hay que desvestirla.

-Eso es lo único que no me dejaba hacer mi mamá. ¿Y si se la dejo para no tentarme de venderla?- preguntó aniñadamente Annie - Mi mamá nunca tuvo nada... solamente esta muñequita...Pero necesito venderla porque mi marido me dejó en la calle sin casa y me cambió la cerradura porque cuando supo que yo era judía mi tío paterno me desheredó y Jorge se había casado por la plata. Y yo estoy en la calle y se me perdió el gato y...
Doña Molly la interrumpió con una propuesta:

- A ver esto: Yo te doy ciento cincuenta dólares. Y te prometo que, sin tu permiso no desvisto a la muñeca, ni le saco la peluca pero la guardo yo y de paso busco tranquila cuánto vale. Y con estos ciento cincuenta dólares que te doy ahora te estoy comprando el diez por ciento de la nena o sea que no la podés vender vos ni la puedo vender yo.

-Bueno...

-Preparame un contrato Arielito. Mejor te compro con ciento cincuenta el quince ¿te parece?

Entró al local el chico del bar. Ariel pidió churrasco y ensalada pero doña Molli –que así se llamaba la señora- pidió tarta de limón y té con leche.

-¿Querés algo nena? Se te ve demacrada...¿Vos tenés gente que te ayude?

-Vecinos... La dentista, la amiga de la dentista, el portero y unos vecinos. Estoy buscando a mi gatito.

-Tomate un té  aunque sea y contame un poco más qué te pasó. ¿Tu mamá y tu abuela eran modistas?

-No. La fábrica era de la familia. De la familia de ellas... Pero cuando hubo problemas con los nazis, ya desde los treinta pasados, ellos se la vieron venir y mi abuela se casó con un luterano pobre y el negocio iba a quedar en manos de él pero en verdad iba a ser de mamá. Mi abuela era Wolf pero mamá fue Wolff. ¡Lo que cambia una letra!  Pero en el treinta y seis la cosa estaba muy fea, a unos parientes les dieron una paliza y un primo hermano dijo que las cosas iban de mal en peor, que había que desmontar y despachar todo. Mi abuela no quería saber nada, hacía casi un siglo que la familia fabricaba ropa para la gente más rica, mi abuela pensaba que no los iban a tocar...Que los clientes eran amigos .Su primo pesimista se fue a América pero no perdió el contacto hasta la anexión, y de a poco se fue desarmando todo y despachando lo que se podía....

-O sea que eran gente pudiente. Esta muñeca habrá sido un regalo importante para tu madre. Algún cumpleaños...

-Noo...- dijo Annie – se la dieron para que no tocara las otras...No querían que tocara las del negocio. Dos a tres veces al año mi bisabuelo recibía desde Francia muñecas con los últimos tapados y los últimos sombreros, le dernier crí y así con el tiempo se juntaron como cuarenta. La colección  sagrada de mi abuela (¿Qué le pasa?) – doña Molli se había atragantado -Esas son las que se despacharon cuando se desmontó todo...
-¿Y a dónde se despacharon? - Preguntó doña Molli con un hilo de voz.

- No se sabe. O se perdieron...o se las quedaron los vecinos, o están en Suiza en algún banco, con la plata de la familia, o las mandaron a América con el primo Martín o se rompieron...o estarán enterradas...O están en el fondo del Danubio... No sé...Una vez entraron al negocio unos nazis y rompieron todo y a dos muñecas de las grandotas las pelaron a tijera y rompieron y robaron cosas y nadie intervino. Entonces mi abuela dijo: “Hasta aquí llegamos.”

-Que historia tan trágica – dijo doña Molli con los ojos anegados -¿Y nunca trataste de encontrar algo de lo que fue de la familia?-

-¿Y para qué?- preguntó Annie.





      Pasado el mediodía Annie volvió al consultorio donde encontró a Natalia comiendo cazuela de bacalao.

-¿Y? ¿ alguna novedad?- preguntó mirando a la gata blanca -¿Esa gatita está enferma?

-La sedé un poco porque estaba insoportable ...¿Y vos por dónde anduviste?

-Fui a vender la muñeca... Por suerte saqué buena plata y no la vendí. La dejé ahí.

Ese animal está como borracho ¿Qué le diste?

-Esas cosas que los calman un poco...estaba insoportable...Pero eso quiere decir que sigue en celo...

      La gata emitió un gemido triste, lastimero.

-Tiene que venir....Tiene que venir...Ay Jorge qué mal te hice para que me dejaras así...

-¿Y él no se lo habrá llevado? – arriesgó Natalia.

- ¿A Tomás? No lo podía ni ver.

-¿Y si lo metió en un auto y lo tiró por ahí?-insistió Natalia

- Le daba cosa tocarlo...le daba como asquito.

-¿Y qué pasó con la muñeca?

-Ah...No sabés. Mirá: ciento...cincuenta...dólares. Y encima la señora se hizo amiga. Va a tratar de ayudarme,somos socias, ahora la muñeca es de las dos. Tengo que cargar el celular, espero varias llamadas...-

-Ah, si. A las tres te traen los volantes de tu gato. Ya están pagos. ¿Y a la señora le dijiste lo que te dijo Susi Krause?

- Al principio no. Pero después llegué a la esquina y me puse como loca. Y volví y le dije todo y más. Bueno, le dije la verdad. Pero...me deprimí con esas historias. La señora me escuchó y andaba como dudando ... Pero fue buena y cuando me puse a gritar me tuvo bastante paciencia. Me dijo que fuera cuando quisiera pero me pidió tiempo para averiguar el valor real de la muñeca y también para pensar cómo ayudarme. Buena gente resultó. ¿Te molestaría que pasara un poco la aspiradora? Hay pelos de la gatita ahí y ahí.. Y migas. Ay, me olvidé de sacarle a la muñeca una cosa que tenía, estoy un poco tonta

- Andá al piso once, yo quiero dormir un poco la siestita. Este bacalao estaba rico pero pesado...¿Y vos no comés?

- No tengo mucho hambre pero un poco voy a comer.





     Cuando volvió de limpiar Annie se tiró en el sofá de la sala de espera y se quedó mirando el techo. No durmió en el resto del día pero tampoco hizo nada. El sábado a la madrugada salió a deslizar por debajo de las puertas los volantes alusivos al gato. Llegó como hacia los cinco pero aún así dormitó apenas. A las ocho y media alguien llamó a la puerta: Era Juan el portero. Traía un diario y desayuno: Leche chocolatada, medialunas, jugo de soja con ananá y frutas. Lo invitaron a pasar y esto le generó una gran emoción: Nunca había tenido amigas que lo invitaran a desayunar.

    Al mirar a Annie le dijo que le parecía verla más flaca, vio a la gatita blanca, quiso jugar con ella y se puso al tanto de las novedades.

- El jueves le conté a mi mamá lo que te pasó.-dijo Juan a Annie– Y ella dice que los hombres no pueden divorciarse solos. Que hay que llevar testigos de que ustedes se peleaban y esas cosas, vecinos en la mayoría de los casos. Que tenés que ir al juzgado y pedir el expediente del juicio de divorcio. Y que tenés tus derechos, no te pueden sacar así de tu casa. Que acá hay una mano negra, que hay un abogado muy malo que ayudó a tu marido.

-Pero esas cosas cuestan plata, los abogados, a más malos más caros... ¿Y por qué iba a hacer todo eso? Si se hubiera ido, con ese poder que tiene de la tía igual me hubiera podido desalojar. – contestó Annie

- A lo mejor se quería casar de nuevo con una mujer más cheta...-dijo Juan.

-Otra víctima...-murmuró Natalia y le dijo al portero- Juan Annie ya anda bastante mal como para que encima le metas fichas. Pensá un poco antes de hablar.
-Bueno yo la veía un poco más flaquita...pero no pensé que estaba enferma... Abajo vi los volantes del gatito. Si tienen algunos se los voy a dar a los otros porteros para que los pasen por debajo de las puertas de los departamentos de los edificios. Mi mamá me preguntó para qué querés al gato si vos misma no tenés adónde caerte muerta.
-¡Juaan! – gritó Natalia.
-Dejalo, tiene razón.- interrumpió Annie- Yo sólo quiero verlo, saber si está vivo o si está muerto. Si está viviendo mejor que yo, que sea feliz pero no que esté sufriendo por ahí. Juan, ahora que estás vos...¿no me dejás ir al sótano? A lo mejor anda por abajo...

-Ya van a ser las nueve, ya tengo que entrar al turno.  Vení conmigo y te abro... Hay que tener cuidado con la escalera.

  Natalia le dijo a Juan que la vigilara porque andaba medio loquita.

  Bajaron juntos y en el ascensor Juan continuó hablando.

-Dice mi mamá que yo tendría que haber atendido a los del juzgado cuando te llevaban las cédulas del juicio de divorcio. ¿a vos nunca te citaron? Ella dice que te citan y que si no vas después de unas cuantas citaciones el juicio se te hace “en rebeldía”. Yo no me acuerdo de haber recibido citatorios para vos... Para los abogados del edificio hago entrar gente todos los días, para tus vecinos hice entrar, pero para vos no.

- No entiendo ¿A mis vecinos les llevaste citatorios? – pregunto Annie 
El portero apenas se encogió de hombros. (Continuará)

sábado, 6 de abril de 2013

ATENCIÓN, NUEVA SERIE: HANNIBAL



Hannibal

La NBC se ha descolgado con un thriller llamado Hannibal.  Será una serie de trece capítulos de la cual hemos visto el primero hace unos pocos días.

La historia gira alrededor de un analista del comportamiento o “profiler” llamado Will Grahan (Hugh Dancy) que trabaja para el FBI pero que en oposición a nuestros viejos y queridos amigos del equipo de Criminal Minds  no es agente sino más bien consultor, trabaja solo y por tener la capacidad de empatizar con esos criminales autores  de los horrendos delitos que ve (al igual que Derek pero de manera mucho más vivencial) -esta es su principal habilidad, prácticamente se mete en la piel de ellos y esto lo aterra- sufre muchísimo en su fuero íntimo. Vive solo en una casa rodeado de perros que encuentra perdidos y de momento poco se conoce sobre su vida.

El drama comienza con unos asesinatos en serie bastante raros: Empiezan a ser asesinadas chicas universitarias muy parecidas físicamente entre sí y el Dr. Jack Crawford (Laurence Fishburne ), director de Ciencias del Comportamiento del FBI convoca a Grahan  para que estudie la situación. Esta convocatoria de por sí es algo rara dado que otra analista la Dra. Alana Bloom (Caroline Dhavernas) profesora de psicología y de perfiles, consultora  también del FBI alerta al jefe sobre cierta fragilidad emocional del protagonista.

La cuestión es que estos crímenes son extremadamente raros y retorcidos dado que Grahan concluye que el asesino de alguna manera es sumamente respetuoso con sus víctimas, de acuerdo con lo que va viendo en su pesquisa. Este respeto que guarda por las víctimas le lleva incluso a devolver a una de ellas a su propia casa de donde fue secuestrada colocándola cuidadosamente en su habitación lo que lo hace correr un enorme riesgo. Por esto mismo y por otros detalles que hacen a esta serie de crímenes  peculiar se decide convocar también a un brillante médico psiquiatra forense, el Dr. Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen) -que ya sabemos quién es o al menos quién promete ser- que trabaja como psiquiatra particular y que es un sibarita. Lecter aporta al esclarecimiento de los crímenes de una manera bastante original para abrirle los ojos al investigador y no duda en llamar sigilosamente a casa del asesino para avisarle a éste que ha sido descubierto.

En este primer capítulo, el homicida es descubierto y se inicia una peculiar relación entre Grahan y Lecter – en la última escena ambos se encuentran en el hospital a la vera de la cama de la última víctima sobreviviente - prometedora de que el vínculo persistirá y probablemente se profundice.

Si bien no se puede aventurar opinión definitiva basándose en el piloto, me permito hacer algunos comentarios insidiosos. El primero lo dedico a las almas sensibles que han seguido a la serie Criminal Minds para decirles que Grahan pierde por goleada al lado del equipo de nuestro adorado Aaron Hotchner que tantas ha pasado. El otro problema es que el Dr. Lecter -al menos para quien suscribe- no está a la altura de lo que esperamos de un señor Doctor Hannibal Lecter, por mucho que estuviera en sus inicios. Mikkelsen se esfuerza, pero le falta clase. Tal vez lo perjudiquen sus anteriores encarnaciones como “Le Chiffre” en Casino Royale, o el sucio Citronen de la poco vista pero excelente “Flamen y Citronen” que se proyectó unos pocos días en la Cinemateca, quizás sea demasiado exótico el dinamarqués, quizás hubiéramos querido ver a un Anthony Hopkins rejuvenecido, pero estas son opiniones muy personales.

La serie no es mala y creo que se le podría dar un poco de crédito. Está basada en la novela de Thomas Harris “Dragón Rojo”, Su productor ejecutivo y director del primer capítulo es el británico David Slade de quien se pueden recordar de 2010 Eclipse, de la saga Crepúsculo y de 2011 el capítulo “Open House” de Breaking Bad, -cuando del profesor White descubre una cámara en el laboratorio- esa maravilla a la que no me voy a referir para no llenar de baba el teclado  y para no desvirtuar el presente artículo.

Al joven protagonista lo hemos visto bastante poco: Fue Ted - muy buen trabajo- en 2011, en la película “Martha, Marcy, May, Marlene” y en ese mismo año 2011 en “Hysteria” encarnó al Dr. Mortimer Grenville.

El piloto se estrenó el 4 de Abril de 2013, fue rodado en Toronto, Canadá y ya está para bajar con subtítulos a la disposición. Claudia Cartasso.

SI EL ARREPENTIMIENTO MATARA (Continuación II)



    Se hallaban cada una en sus respectivas tareas (que se complementaban) cuando al sacar Annie una boquilla para aspirar el polvo de rincones estrechos halló una mínima nota de Jorge en el respectivo compartimiento de la aspiradora.
“Voy a dejar la casa bien abierta para que se llene de tierra y de hollín y no vas a poder entrar a limpiar nada.”
    Esto conmovió raramente a Annie que se sentó y llevó sus manos al pecho. Natalia le alcanzó un vaso de agua que Annie tomó con manos temblorosas. Se veía empapada en sudor. Antes de que la cosa se pusiera peor, Natalia le vio el lado positivo al asunto:
- “¡Es una buena noticia! ¡Es una buena noticia!” –gritó sacudiéndola.
-¡Tu gato no está encerrado! ¡Tu gato no está encerrado! Se debe haber ido por las zonas de servicio y va a volver! Y si tiene frío o llueve tiene dónde resguardarse. Está bueno, ¡está bueno!
    Esto hizo volver en sí misma a Annie a quien la confortó la idea y se largó a llorar llamando al gato, pero Natalia comprendía que a Annie “se le venía la noche”. Pidió al chino de la esquina algunos víveres y cuando Annie no la estaba mirando mezcló en la mayonesa de una ensalada varios comprimidos de diazepán que había hecho polvo. Esto a ella la tranquilizaría y a Annie la voltearía y le bajaría los afanes locos de continuar aspirando.


   A Natalia la despertó el día jueves, el ruido lejano de la aspiradora. Annie estaba repasando el pasillo común del piso. Miró la hora y eran como las seis. Se asomó y la vio deslizando afanosamente el electrodoméstico maldito por la salida del ascensor. Le dijo en un susurro:
- ”Annie, los vecinos quieren dormir”
- “Ya termino, ya termino” – le gritó la otra y preguntó – “¿Tendrás algún limpiametales?” –
    Deseando tenerla lejos un rato y que no hiciera tanto ruido le alcanzó lo que pedía con algodón y trapo. Debía llamar a Susi Krause. Susi Krause era una psicóloga de confianza y a lo mejor se conmovía porque a ella también unos primos la habían desheredado.
    Mientras Annie limpiaba, Natalia marcó el número de Susi y la puso al tanto de la situación.
   Susi Krause era muy pragmática y le dio dos o tres consejos que dictados por Susi eran indicaciones indiscutibles.
a)      Averiguá con qué recursos cuenta.
b)      No la vuelvas a medicar.
c)      Guardá bien la nota del marido.
d)     Abrí todo a ver si el gato se aparece por allí
e)      Tratá de que encuentre a la tía del marido.
f)       Tampoco te pongas en Teresa de Calcuta.
g)      Tal vez la muñeca valga algo, que trate de venderla.
h)      No la lleves a ningún psiquiatra hasta que la depresión no sea manifiesta e indiscutible..
i)        Yo me quedé sin muchacha, y tengo vecinas que están en la misma. Trabajo no le faltaría.
    Vuelta Annie de sus tareas, Natalia no le ocultó su charla con Susi Krause aunque omitió que la había sedado y por el momento, no le habló de vender la muñeca.
-Yo trabajo de modista de alta costura para una boutique.-explocó Annie - Bueno; corto y armo tapados de paño. En verano y otoño se trabaja porque se prepara el stock de invierno, especialmente en los modelos clásicos. Eso hasta las dos. A  las tres entro a trabajar de vendedora en una tienda pero ya se hablaba de reducción de personal. Ahí nos están debiendo como dos meses de sueldo. Soy la persona que, cuando el cliente deja una prenda, la dobla prolijamente y la pone en su sitio Los dueños tratan de mantener a las que no tienen marido y tienen hijos y a las con marido y sin hijos nos echan primero.
-¿Y cuanto dinero tenés ahora?
-Poco, porque con lo que gano se pagan las expensas, la luz, el agua, el gas y el teléfono del departamento. Y eso ya me lo debitaron seguramente. Acá en la cartera habrá unos ciento cincuenta pesos...
     Natalia le explicó que Susi Krause se había quedado sin la señora que la ayudaba y que pagaba bien. Y que le había dicho que vecinas de ella estaban en la misma. Vivía un poco lejos, eso sí.
-Yo, de momento –contestó Annie- prefiero quedarme en la zona para ver si aparece Tomás. Si vos me dejaras estar acá la Semana Santa te limpio todo. También les toco el timbre a los vecinos a ver si alguien necesita que les pasen aspiradora y eso. Lo que gane te lo dejo a vos si me permitís estar acá esperando a Tomás.
-No te preocupes por eso. El lunes empieza la actividad. Hay algunos detalles, vas a tener que bañarte, lavarte la ropa. La plata en algún momento se te va a acabar. Yo pensaría... en vender la muñeca como último recurso. Ahora vamos a desayunar algo.
- Andá vos...yo no quiero salir.- contestó Annie retrocediendo.
- Bueno...yo bajo a la panadería y traigo algo...- Respondió Natalia muy suelta de cuerpo pero internamente preocupada.
-Dejame pagar...Aunque a mi no me traigas nada...No tengo mucho hambre - le dijo Annie alcanzándole unos billetes. Y esto la preocupó más
   No se necesitó llamar a Susi Krause porque ésta llamó a eso de las nueve . Las invitaba a comer a su casa y no pudieron declinar porque les ofrecía para que se llevaran, una gatita blanca en celo propiedad de una vecina que si se quedaba un poco en el consultorio con ellas, haría volver a Tomás desde el mismísimo infierno.
   Aceptaron y fueron. Annie le limpió la casa se bañó y lavó ropa. Almorzaron muy bien, especialmente Annie que con la charla despreocupada comió poco pero comió. De tarde se ofreció a arreglarle un tapado y mientras cosía hablaron de todo. Susi le dio consejos muy valiosos especialmente si tenía que vender la muñeca. No le pagó la limpieza pero sí el arreglo.
   

   Natalia no entendía cómo Susi Krause que era tan buena profesional, que había llevado tan bien la charla, que le había sacado tanta información a Annie, que prácticamente la había radiografiado; viéndose venir la depresión no había propuesto nada para prevenirla. En un aparte le dijo algo de esto a su amiga pero ella se limitó a responder “Hay que permitirle que haga el duelo. Todavía no le cayó la ficha del todo. Esta chica todavía cree que va a volver a estar con su marido y su gato si te descuidás. Tiempo al tiempo. ¿El sábado va a estar ese portero? Dejala sola, andate a tu casa y jugá un poco con tu sobrino. En todo caso decile al muchacho que la vigile...Y dale mi teléfono por las dudas”


      Pero antes de la depresión vino el inevitable ataque hipomaníaco. A las cinco AM del Viernes Santo Annie subió a su piso y se puso a pasar la aspiradora. Con parte de su dinero había comprado más limpiametales, trapos, franelas y abundante lustramuebles. A las seis frotaba las puertas de los departamentos incluída la que había sido suya. Un vecino se asomó medio dormido y le preguntó que estaba haciendo. Ella le dijo que estaba limpiando, que ella estaba en el edificio con el permiso de una vecina y que limpiar y dejar todo reluciente no era delito.
      Este vecino en particular tenía un poco de temor porque se contaba entre los que, a cambio de que durante un mes no le cobraran el alquiler había testificado en el divorcio, que Annie y Jorge pasaban todo el tiempo que se hallaban juntos discutiendo a los gritos. Aunque nadie se lo había pedido, su fértil imaginación lo había llevado a dar detalles escabrosos de insultos soeces y objetos rotos por parte de Annie, así que cuando la vio en la puerta no se asustó más porque estaba medio dormido. Ella no parecía estar dañando la propiedad y en su manera de dirigirse a él, aunque la notó sobregirada no sintió que ella lo detestara. Jorge había venido a pedir el falso testimonio en nombre de los dos, a lo mejor había sido cierto que se querían separar rápidamente merced a este artilugio. El vecino la quedó mirando mientras limpiaba y la vio haciendo su trabajo con especial empeño. De pronto ella se detuvo y le preguntó por el gato. No, francamente el pensaba que al irse se lo habían llevado. Annie se puso mal y contó que el marido se había divorciado a sus espaldas, la había dejado en la calle, había tirado su muñeca a la basura y hecho desaparecer al gato.

      Esto significaba para el vecino lo peor: Que había ido a un juzgado a dar un falso testimonio que había perjudicado malamente a alguien. Tenía que llamar a su abogado. Pero de momento debía congraciarse con Annie.
- Mire Annie -le dijo- nosotros no vimos a Tomás. Pero si quiere pase y llámelo desde el fondo, desde el tendedero que está pegado al suyo. No le digo de pasar de mi casa a su casa porque es un riesgo: Son tres pisos...pero si el gatito se quedó encerrado y Usted lo llama lo vamos a escuchar.
      Eso hicieron pero no hubo respuesta. Para ese momento se había levantado también la señora del vecino, quien también había testificado contando indecibles barbaridades. El marido le relató brevemente la delicada situación de Annie y ella comprendió al instante: -“Estamos en el horno”- pensó la mujer.-“ Falso testimonio, daños y perjuicios.¡Estamos en el horno!”-
-Qué espantoso lo que escucho, señora Annie- le dijo la vecina.- Cuente con nosotros para lo que necesite. Nosotros la hemos apreciado siempre mucho Annie. ¿Su marido se fue? Mire, nosotros vamos a reembolsarle un dinero que pusieron ustedes cuando nosotros estuvimos de vacaciones, de hecho lo puso usted... ¿Qué le parece si se lo lleva ahora? Tómelo, no le va a venir nada mal. Y ahora que lo pienso mi cuñado tiene una imprenta....¿Y si lo llamo ya para que hagamos unos volantes para repartir en el barrio por el gato? ¿Cuántos quiere?¿quinientos? ¿mil?...No, no, no. Son gratis, si a mi hermana esto no le cuesta nada. Ellos no tienen que gastar nada, tienen todo, la tinta el papel... Para el mediodía de hoy seguro que estárán. Ya los estoy llamando. Ya los estoy llamando. ¿Desayunó? ¿No quiere tomar algo? Para hoy hice un bacalao exquisito ¿Por qué no se viene a comer con nosotros? Ahh, anda un poco tirada...no es para menos... ¿En lo de la dentista está? Le voy a alcanzar una cazuela para usted y una para su amiga junto con un vinito blanco. Ya sabe, lo que necesite. De mañana o de noche. Déjenos su número de celular por si hay novedad. En los volantes vamos a poner “se gratificará” y nuestros datos. Es lo menos que podemos hacer por Usted.


    



       El recibimiento de los vecinos le levantó aún más la ansiedad. Imprimir volantes por Tomás era aceptar oficialmente que Tomás estaba desaparecido. Pero que todos entendieran que estaba siendo buscado y ayudaran debía  ser algo bueno. Ella no había aceptado el desayuno porque tenía un poco cerrado el estómago, pero los vecinos le dieron un frasco de capuchino instantáneo y galletitas caseras para que se llevara.
Entró a ver a Natalia que dormía a pata suelta en una colchoneta y miró la muñeca y se le metió en la cabeza que la iba a vender ya.


     Para las once de ese Viernes Santo, Annie caminaba por una vereda de baldosas rotas apretando fuertemente un billete de cien dólares en su puño. Pero al llegar a la esquina el aire se puso negro, las casas se pusieron negras, su alma se puso negra y decidió volver sobre sus pasos. “Estos judíos me van a mandar a la mierda” pensó. Pero no se detuvo por ello.
     Ingresó al minúsculo local que había dejado atrás hacía menos de cinco minutos. El muchacho que recién la había atendido hablaba por celular. La vio y le hizo un gesto para que esperara. Cuando terminó le dijo:
-¿En qué puedo ayudarla ahora señorita?
-Eso mismo.-Contestó Annie – Ayudarme. Ayuda. Quiero pedirles que a esa muñeca que les vendí nunca le saquen ni la ropa ni la peluca ni los zapatos, que siempre la dejen vestida así.
   El chico la miró como tratando de calibrar el grado de locura y contestó:
-Usted nos la vendió. Ahora es nuestra.
-Si. Contestó ella. Pero quiero pedirle por favor que siempre la dejen vestida con su ropita y su peluca originales.
- Eso no se lo podemos prometer señora, Si quiere le miento pero...
-¡Entonces devuelvanmelá! - Gritó o chilló Annie -Entonces no la vendo nada, acá está el dinero.
-No. La transacción está hecha señorita...
- ¡Quiero mi muñeca! - comenzó a gritar Annie - ¡Todos me sacan todo quiero mi muñeca! ¡Devolvemelá! (Continuará)